ESA HERMOSA MUJER 2 VERSION

Estaba de paseo en una ciudad totalmente nueva para ella, tan nueva que apenas y estaba aprendiendo esa maldita palabra, ciudad. Se inquietaba y deslumbraba con el más mínimo detalle de este infierno moderno. Le parecía increíble ver edificios de más de 20 pisos, en los cuales se suponía que la gente trabajaba día y noche como maquinas esperando un mes o quince días, dependiendo del sistema de la empresa al que estuviese adscrita la persona, para recibir una cosa que en este mundo llaman sueldo y por el cual trabajan todos los seres humanos, algo que algunos filósofos consideran como la esclavitud moderna y que los que lo viven consideran una obligación, el trabajo, el mejor castigo que pudo inventar un ser “superior” para jodernos la vida.

Pero para ella Esos demonios sin vida, hechos de concreto, grises, sin alma, inanimados y ocupados por autómatas, la maravillaba.

Al irse acercando más a la ciudad en ese vehiculo de cuatro ruedas impulsado por fósiles de dinosaurios y otros anímales extintos, que tanto dicen los noticieros de este país que contaminan, crecía en su mente la ansiedad de conocer como era internamente ese lugar compuesto de cemento e ilusiones de un mejor vivir, en el que se sufre hasta el día de la muerte.

Venia esta hermosa mujer de un pueblo donde solo llegaban noticias de las ciudades modernas por algunas ondas de radio, y las historias de las personas que habían huido del pueblo en busca de una vida diferente, y que solo lograron encontrar tristezas y humillaciones en la ciudad de la democracia y el respeto.

Su natal pueblo era un tranquilo lugar, que a la lo mucho tenía unas trescientas personas. Vivían al lado de un hermoso rió en el que todos se habían bañado en algún momento de sus vidas, pero que ahora estaba prohibido usar a menos de que se buscara el suicidio. Y digo esto por que morir es lo único que le podría ocurrir a un ser viviente al entrar en contacto con las asquerosas aguas putrefactas de lo que en su momento era un rió de aguas puras y cristalinas, como el rostro de esta hermosa mujer en busca de algo diferente, en un lugar desconocido.

El rió era usado por todos y por todas, para diferentes menesteres, desde lavar ropa, hasta para hacer el amor a media noche mientras las asexuadas estrellas observaban el espectáculo de cine mudo. Cuantas criaturas no se formaron en este rió.

Los niños reían y jugaban en sus dulces aguas, los hombres se bañaban después de una dura jornada de trabajo, que a diferencia del trabajo de la ciudad, no se hacia por un salario mensual o quincenal, sino simplemente por cumplir con la labor asumida en esta sociedad en miniatura.

Las mujeres chismoseaban de cuantas cosas pasaban, al fin y al cabo el rio se llevaría más de un chisme, y los que no se convertirían en problemas del pueblo, todo depende del grado de importancia que tuviera.

En este majestoso cúmulo de h2o, seria durante años el lugar de recreo de la protagonista de esta historia, un lugar donde lloro, rio, dio su primer beso e hizo otras cosas que aquí no cabe contar, pero que ella disfruto mucho.

Nadie hasta el día de hoy ha logrado descubrir que fue lo que paso, pero un día al cantar el gallo, despertó el pueblo presto a asumir la nueva jornada como siempre lo hacían. Primero tomando un delicioso baño en agua dulce y cristalina, chapoteando un rato, tirándose agua los unos a los otros y cosas de ese estilo.

Pero al momento de llegar al tan utilizado punto de encuentro, encontraron un poco agradable rio rojo.

Que mierda y ahora que vamos hacer, dijo más de uno al ver semejante espectáculo.

Pero al a cercarse más, aparte de un rojo que para nada le lucia a un rio, además se podía sentir un olor asqueroso, un olor a muerte y a muerto, un olor de algo maligno, un olor que esta hermosa mujer volvió a sentir al llegar a la ciudad, era el olor de la modernidad.

Se podían ver en medio de este rio de sangre, peces, aves, mamíferos acuáticos y cosas que la gente no atinaba a describir porque nunca antes lo habían visto.

¿De dónde vendría esto? Era una pregunta generalizada en el hasta entonces tranquilo pueblo.

Por llego a la casa donde la estaban esperando. Eran unas primas suyas que se habían largado de su pueblo pocos días después de el extraño fenómeno de muerte y desolación.

Llevaban ya varios años y tenían la experiencia de haber sufrido y reído con todo lo que en una ciudad se puede vivir.

Eran tres mujeres que ya pasaban los treinta y que no vivían por separado por el simple hecho de reducir costos y presupuesto, ya que durante el tiempo que habían trabajado, aun no les alcanzaba para un sueldo que justificara la separación.

Era para ellas mucho mas como seguir juntas y defenderse la una a la otra que ir por lana y salir trasquiladas.

Es más fácil la vida en familia que en soledad. Ninguna estaba casada, pero ya dos habían agarrado marrano y solo les faltaba darle la estocada final. La tercera por lo demás, veía impotente cómo se iba convirtiendo en una solterona más.

El caso es que estando nuestra protagonista en esta casa empezaría a vivir cosas que de otra forma no habría hecho, si se hubiese quedado en su terruño, donde lo más interesante que había pasado a parte del rio rojo, era la llegada de la luz eléctrica y los vericuetos que esto trajo consigo.

Pasar de un mundo absolutamente tranquilo, en donde prácticamente el devenir del día se puede predecir basándose en los hechos anteriores, a un mundo donde tienes que estar en constante lucha por sobrevivir en mal llamado “mundo civilizado”. Un mundo con mucha libertad y miedos que te destrozan la mente.

El primer día en este extraño lugar llamado por muchos como “urbe”, por otros, selva de concreto. Era para este hermosa mujer todo un cumulo de sensaciones que le llegaban a lo más profundo. Y como no iba a pasar esto, si durante toda su vida en ese pequeño pueblo, las aventuras y emociones habían estado limitadas a lo que ocurría en un rio, y una que otra travesura que se hiciera en descuido de las autoridades morales de su terruño.

Aquí la cosa era a otro precio. Como les decía el primer día fue algo interesante en cuanto emocione para esta hermosa mujer. Veía con asombro los vehículos como de diferentes tamaños, precios, colores, y su diversidad de conductores.

Eran unas cosas que solo se habían visto por sus tierras una que otra vez, en visitas de personajes desconocidos que iban a tomar fotos y hacer entrevistas sobre la forma de vida de un lugar tan perdido, en un país de perdidos.

Veía la gran cantidad de estos aparatos pasar a grandes velocidades, las personas esquivándolos para poder pasar de una calle a otra, también nuevo este concepto de calle para nuestra protagonista.

Escuchaba con admiración la bulla del tráfico de vehículos y personas en la ciudad y sentía ahogada por tanto ruido, olores, personas ofreciendo productos innecesarios en la calles, pero que ellos vendían como la octava maravilla del nuevo mundo.

Incluso algún insensato vendedor le ofreció una crema para el cutis, según para mejorar el color de su piel. Que imbécil, creer que una piel tan hermosa podría serlo mas tan solo por usar una inútil crema callejera.

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