ESA HERMOSA MUJER

Estaba de paseo en una ciudad totalmente nueva para ella, se inquietaba y deslumbraba con el más mínimo detalle de este infierno moderno. Le parecía increíble ver edificios de más de 20 pisos, en los cuales se suponía que la gente trabajaba día y noche como maquinas esperando un mes o quince días dependiendo del sistema de la empresa al que estuviese adscrita la persona para recibir una cosa que en este mundo llaman sueldo y por el cual trabajan todos los seres humanos, algo que algunos filósofos consideran como la esclavitud moderna y que los que lo viven consideran una obligación.

Al irse acercando más a la ciudad en ese vehiculo de cuatro ruedas impulsado por fósiles de dinosaurios y otros anímales extintos, que tanto dicen los noticieros de este país que contaminan, crecía en su mente mas la ansiedad de conocer como era internamente ese lugar compuesto de cemento e ilusiones de un mejor vivir.

Venia esta hermosa mujer de un pueblo donde solo llegaban noticias de las ciudades modernas por algunas ondas de radio, y, las historias de las personas que habían huido del pueblo en busca de una vida diferente y que solo lograron encontrar tristezas y humillaciones.

Su natal pueblo era tranquilo lugar, que a la lo mucho tenia unas trescientas personas, vivían al lado de un hermoso rió en el que todos se habían bañado en algún momento de sus vidas pero que ahora estaba prohibido usar a menos de que se buscara el suicidio, y digo esto por que morir es lo único que le podría ocurrir a un ser viviente al entrar en contacto con las asquerosas agua de lo que en su momento era un rió de aguas puras y cristalinas, como el rostro de esta mujer en busca de algo diferente.

El rió era usado por todos y por todas, para diferentes menesteres, desde lavar ropa, hasta para hacer el amor a media noche mientras las asexuadas estrellas observaban el espectáculo de cine mudo. Cuantas criaturas no se formaron en este rió.

Los niños reían y jugaban en sus dulces aguas, los hombres se bañaban después de una dura jornada de trabajo, que a diferencia del trabajo de la ciudad, no se hacia por un salario mensual o quincenal, sino simplemente por cumplir con la labor asumida en esta sociedad en miniatura.

En este majestoso cúmulo de h2o, se divertía esta hermosa mujer, cuando todavía era potable.

No se sabe que fue lo que paso, pero un día las personas al despertar e ir a bañarse para iniciar las labores del día a día, se encontraron con la desagradable sorpresa de ver su tesoro convertido en un cementerio de agua.

Habían peces muertos por doquier, y se sentía un olor inmundo como el que ella estaba sintiendo al acercarse a esta maldita ciudad de muertos vivientes que se pudren desde su nacimiento y que lo único que les da descanso es la huesona.

CONTINUARA.

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