“La pornografía no es una enfermedad”

TOMADO DE LA URBE DIGITAL

José Andrés Ardila Acevedo

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Taller de medios I

Pidió que en este artículo se le llamara Rocco Sifreddi, pero no es una escogencia arbitraria porque en su cuarto señala la carátula de una película DVD, en la que aparece Rocco Siffredi, un ícono del cine porno por dos razones: por el tamaño de su pene y porque aguanta como nadie cuando se trata de sexo. El tipo, además, es un director y productor creativo. Ha hecho escuela, incluso. Mejor dicho, es un referente de la industria en todo sentido.

El de la portada es un hombre maduro, rubio, fuerte. Aparece en el centro de la carátula, desnudo, tendido sobre una tabla de surf, exhibiendo, orgulloso, sus 26 centímetros. En el mundo del porno se le conoce como “El semental italiano”. Desde el 87 hasta la fecha ha rodado 1.300 películas que respaldan su reputación. Por otro lado, este Rocco, el de esta entrevista y que señala la foto de la portada, tiene 26 años y está próximo a graduarse de antropólogo. Y, pese a su deseo de emular a aquel porno estrella italiano, es un hombre extremadamente flaco, tan mestizo como el colombiano promedio, más bien bajito, de mirada esquiva y manos en los bolsillos, que habla lento, en voz baja, como a quien se le escapa un pensamiento por error.

“La gente relaciona de inmediato la pornografía con una especie de enfermedad mental. Muchas personas, educadas incluso, piensan que alguien que consume porno es un enfermo. Por lo general, son las mismas personas que creen que masturbarse es una aberración, que los maricas se van al infierno y que todo espermatozoide es un bebé”, afirma el fanático.

Cuenta la historia de una película producida en Estados Unidas en los años 70, y que en España la llamaron ‘Alicia en el país de las pornomaravillas’. Aunque fue hecha con toda la intención de ser una película pornográfica y fue producida además por uno de los grandes del porno de la época, Bill Osco, se convirtió en poco tiempo en una película de culto del cine independiente “porque a un grupo de personas, amparadas en el furor de la libertad sexual de la época, se le ocurrió que eso era cine arte. Todo se reduce, entonces, a la predisposición de la mente. Yo soy un entusiasta del cine porno de la misma forma que vos podés serlo del cine de ciencia ficción o de terror”, dice sin tapujo este Rocco Siffredi.

De La Urbe Digital: Pero debe haber una diferencia. Un fanático del cine de terror tiene sus razones para preferir este género por sobre el cine documental, por ejemplo.

Rocco Siffredi: Claro. El fanático del cine de terror, primero, en el plano más básico, busca unas emociones que no encontrará en ningún otro género. Obvio: quiere sentir miedo. Desde el sentido común ¿tiene lógica que alguien busque que lo aterren, que le hagan aferrarse a la silla, subir el ritmo cardiaco, gritar como un desesperado y que, además, tenga que pagar por eso? Yo no creo. Pero, afortunadamente, en el arte no todo es cuestión de lógica. Alguien dirá que en el arte se busca vivir una experiencia estética. Pero yo creo que fundamentalmente se busca placer. Y para eso creo que hay, mínimo, tantas formas como hombres en el mundo. Entonces, lo que yo busco en el cine porno. ¿Que por qué no me consigo una novia?, dirá alguien. Una cosa no excluye a la otra. El Marqués de Sade escribió algo muy a propósito… sobre la consciencia y los prejuicios.

Rocco se levanta de la silla y va hasta la repisa ubicada al lado del computador. En la repisa hay una pila de libros, libretas y papeles desordenados. Revisa las libretas con afán. Luego va hasta el nochero, mira en el cajón y regresa a la repisa. Revisa nuevamente las libretas, esta vez se detiene con una, pasa algunas hojas y regresa a la silla.

RS: Esto creo que es de las Las 120 jornadas de Sodoma: “‘Vamos a darnos indiscriminadamente a todo lo que sugieren nuestras pasiones y siempre seremos felices. La conciencia no es la voz de la naturaleza, sino sólo la voz de los prejuicios’. A esto es exactamente a lo que me refiero”.

DLUD: Más de un crítico de cine no va estar de acuerdo…

RS: ¿Y? Ahí no puedo hacer nada. Muchos de esos críticos a duras penas pueden lidiar con sus propios egos (…) Yo pienso que el porno cumple con algo, esa es una virtud que nadie puede negar.

DLUD: ¿Cuál es tu película favorita?

RS: Tengo varias… Me gustan sobre todo las parodias. “Alicia en el país de las pornomaravillas” es una muy buena. En general, las parodias de cuentos infantiles tienen una gracia especial. Hay una italiana, muy vieja también, producida por Aldo Sachetti, que se llama “Las aventuras eróticas de Caperucita Roja”. Es muy divertida. Las mujeres son feas, la mamá de caperucita tiene unas tetas asquerosamente grandes y los actores tampoco es que sean los más esculturales, hasta un par de enanos aparecen por ahí, pero tiene una gracia especial (…) Está también el clásico de clásicos: “Garganta profunda”.

Rocco se reconoce como un coleccionista moderado. En su pequeño cuarto de pensión, en una caja de cartón, tiene cerca de 200 DVD con largometrajes pornográficos. Doce tacos de VHS y tres de Betamax que conserva por puro fanatismo, porque además de no tener los aparatos para verlos, posee las respectivas copias digitales. Todo esto sin contar los archivos del computador y las revistas que considera harina de otro costal.

RS: Si hay que echarle la culpa a alguien, es a mi papá (risas). Cuando tenía como 12 años, encontré entre los libros de él una revista porno. Por un tiempo, la miraba a escondidas. Mi papá no se dio cuenta sino hasta el día se me dio por llevarla al colegio, para mostrársela a mis amigos. Alguien nos delató con la directora de grupo. Yo dije de una que esa revista era de mi papá (risas). Obviamente, lo llamaron para hablar con él… y no era difícil encontrarlo porque era profesor allá mismo. Me hice a la idea de que me esperaba una ‘pela’ épica al regresar a la casa, pero él no me dijo ni una palabra al respecto. Por aquellos días no supe que mi papá no era capaz de darme la cara por pura vergüenza. El ‘crimen’ terminó impune y la revista desapareció para siempre.

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